Los teníamos medio divididos. No por falta de cariño, ni de admiración sino por la falta profunda de tiempo.

Pero ayer nos fuimos para allá un buen grupo. Jaime y María Matos, como siempre, pero también se incorporó la nueva patrona María Ybarra, y el Director General, Luis Cadarso.

Qué fabuloso grupo que nos encontramos. Las veteranas Gloria y Paqui, iniciadoras de todo y sus coetáneos. Y un grupo fantástico de jóvenes voluntarios con el perfil de nuestra Fundación.

Jóvenes, buena pasta, abiertos, simpáticos y fieles a tope con su compromiso como voluntario de la Fundación.

Reuniones, una encima de otra, alegría, entusiasmo, abrazos.

Valencia, estamos contigo. Desde nuestra madrileña sede, nos rejuvenecemos con vuestra explosiva ilusión juvenil.

Rarísimo.

Porque en la parte más cercana a Madrid, la de una reciente construcción, no hay gente en las calles.

Vendiesen los pisos.

Pero no hay tiendas, cines, bares, loterías, restaurantes.

Nadie pasa por las anchas y vacías calles.

Ayer fue un bombazo.

En los jardínes de la Fundación P.Garralda- Horizontes Abiertos se dieron cita cientos y cientos de personas. Los cien enfermos que ocupan todas nuestras camas, los de otros de nuestros hogares, los trabajadores que les atienden y voluntarios.

Los antiguos que se “hacían crecer” al ver tanta gente, y los nuevos.

Nuevos de distintos puntos.

Pero una pinta fantástica y una buena nota en las reuniones tenidas con ellos para su recuperación.

Jugaban al fútbol, en nuestra pista, enfermos contra gente del Real Madrid. Los goles se jaleaban multitudinariamente, especialmente cuando los metíamos nosotros.

Fuera cambio de jugadores, entonces voluntarios, trabajadores……Pero, por la ley del más fuerte, terminaron jugando ellas con sus peinados y cinturitas esculturables.

Hasta que le dieron el micrófono a Jaime. Soltó un fantástico pregón. Nos necesitaron todos. Sin los enfermos estaríamos viendo la televisión. Gracias a ellos estamos trabajando con enorme ilusión.

Nunca os pagaremos lo que nos estáis ayudando. Parecía que tenía 49 años. No 94.

Los balcones de en frente se llenaron y Las Tablas sintieron la alegría de tener en el barrio estos cien enfermos deteriorados por la vida, y que gracias a todos tienen en sus ojos la alegría y en su corazón la seguridad de que no volverán a calles ni aceras.

En Las Tablas, en nuestra Fundación, encuentran la puerta para incorporarse a la sociedad.

Una buena merienda “campera” nos unía a todos en la esperanza de que todos saldremos ganando por  habernos conocido.

Sabios y sesudos teólogos con sus innumerables citas de Padres y teólogos.

“Santos  videntes”  envueltos con luces y hablando de su “santito” desde su “cuevecita”.

Eso no es malo.

Pero no es lo mejor mejor.

 

“Cuando sentimos la palabra de Jesús, escuchamos la palabra de Jesús, y la tenemos en el corazón, ¡eh!, esa palabra crece.

La palabra de Cristo en nosotros crece cuando la proclamamos, cuando nosotros la damos a los demás. Y esta es la vida cristiana”  (Papa Francisco)

 

XXX

 

Predicadores “arremetiendo desde el púlpito” contra los pecadores.

Echando enormes piedras sobre los que no pueden tapar siempre su impulsos sexuales.

Cristianos de toda la vida mirando con desprecio a su pobre nietecita que vive en pecado con un joven.

Y “Francisco”   “Pero si no existe la piedad, hoy día hay pocas posibilidades de entrar en un mundo de “heridos” que necesitan comprensión, perdón y amor.

Por eso no me canso de llamar a toda la Iglesia a la “Revolución de la Ternura”

 

 Esa es la canción.
LA realidad es que Ana Cristina: vino!!!
Es la asesora (llámala Jefaza) de los proyectos sociales del REAL MADRID.
Hace tiempo que Instituciones Penitenciarias, el Real Madrid y nuestra Fundación firmamos un convenio guay.
Entrenadores, equipaciones, y todo lo necesario para organizar en todas las cárceles de Madrid y alrededores, equipos de futbol y baloncesto.

 

Cuando megafonía anuncia que salgan los jugadores de futbol o baloncesto, con sus equipaciones del Real Madrid, a entrenar, las cárceles respiran felices.

Luego juegan un campeonato entre todas las cárceles, yendo de una a otra todos los equipos.
Y finalmente los campeones de los dos deportes juegan la final con un equipo de veteranos del Madrid.
A toda trompeta.
Con Florentino al frente!!!
Y, ahí, el Real Madrid comete su único error: siempre gana!!!

—————————-

Pues Ana Cristina vino para ampliar programas, mándanos tus iniciativas.
Vamos a presentar una buena colección.
Nota: Aunque seas del Atleti o del Barça en esto puedes colaborar a tope.

Estuve en esta última.
Pero llegué antes de 7 Pm, y estaba Jaime hablándoles a todos los residentes.
Sobre la base de la paz interior.
El poder da poder, pero no recibe a cambio nada positivo de los “mandados” que le proporcione paz.
El dinero, lo mismo. Y también, de repente, se pasa.
Las cualidades personales: alto, guapo, rubio, fuerte, simpático, inteligente…
Como los anteriores y suele acabarse antes.
El cariño: darlo y recibirlo, si produce paz.
“Os hablo a vosotros, que habéis sufrido tanto en cárceles, albergues, aceras…
Lo que más os mataba era que “a nadie le importaba nada”.
La droga y la vida te habían dejado solo.
Y eso era lo que te mataba: a “nadie le importaba nada que te murieses en la acera de barrio noble.
Si a un perrito “de lujo” alguien le daba una patada, la calle se llenaba de insultos al salvaje.
Si tú te morías, no le importaba a nadie.
Y esta casa, como todas las de nuestras Fundación es para que vayamos recomponiendo los lazos con los “nuestros”.
Y si no los tenemos (como dijo una de las residentes) aquí tenemos que empezar a encontrar amigos, no colegas: sino amigos.

Bueno eso era lo que más o menos les dijo.
Y lo que me asombro, es que al terminar sin que nadie lo propusiera o lo pactase.
De repente una ovación cerrada llenó la casa.

 

 

Lourdes

TU DIOS ETERNO

Que no tiene ayer, ni mañana

Su vida es: hoy, ahora, ya!!!

Se acabó para EL el tiempo.

Nunca lo tuvo

El vive la eternidad.

Y que no es algo mejor de lo mejor que tenemos nosotros.

Es… otra cosa.

Otra estructura.

Se dilata hasta más allá de las últimas estrellas, y las mantiene en su esencia.

Si se le “olvidase” alguna, desaparecería

Si pudiese, por un segundo, caer en el sueño, al despertarse no existiría NADA.

Todo lo mantiene EL.

Lo creó, y lo mantiene.

Fue, es, y será: DIOS

Su esencia no es algo material: éter, gas, fluido especial.

No tiene esencia material.

Por fina y sublime que sea.

- Entonces, de que es?

- La Biblia nos contesta: DIOS es AMOR

  

A DIOS POR “INSTINTO FILIAL”

Tú creaste el sonido

Que no vemos

Y el color

Que no escuchamos

Y la suavidad del tacto

Que ni oye, vive

Y los olores

Que no vemos,

Ni tocamos

Y la vista

Que no oye

Y el gusto

Que silencio capta divinos sabores

Sin oírlos,

Y sin verlos

Así Tú nos enseñas

A buscarte con cariño

Sin oírte

Sin tocarte

Sin olerte

Ni gustarte

Y, sin verte, nada, nada

Como existen los olores

Y las luces y colores

Y los sabores gozosos

Y las piales de los niños

Y los sonidos del agua

Cuando corre, saltarines

En salpicantes cascadas

Sabiendo, como los niños

Por instinto quien les quiere

A esos que con cariño

Nos adoran, como padres

Y les diste hondo y fino

El pan “instinto filial”

Como a nosotros tus hijos

                            XXX

La inseguridad del niño

Fue el motor que nos mandó.

Buscar sin pausa el camino

De la gran seguridad:

Nuestros Padres!!!

Así llegamos a TI

Porque te sentimos Padre.

Mejor dicho: PADRE- MADRE

Eso eres TÚ: Papa- DIOS.

Y sin verte ni oírte

Sin tocarte…..

Por el “instinto” del niño

Hemos llegado hasta TI

Sabemos quién eres TÚ:

Nuestro Padre y Nuestra Madre.

Salía triste del cementerio.
Y me golpeaba el ritmo del poeta:
“Dios mío, qué solo se quedan los muertos!”
Eso lo escribió de joven.
Yo, ahora no puedo decir eso.
Ahora lo que me golpea es: “Dios mío, que solos nos quedamos los
viejos!”.
Ya se me fueron mis abuelos, mis padres, mis tíos casi todos mis
hermanos y nueras, y primos gran cantidad de “
amigos de siempre”, muchos Jesuitas que entramos en los años de la
postguerra.

Dios mío, que sólo me deja la muerte.
Nunca he estado solo
Siempre he estado con cantidad de compañeros, de amigos, de gente.
La muerte no me deja sólo.
Pero me deja sin ellos.
Y eso, en el fondo, es dejarme solo
Los que me salvan son “ellos”.
Los que me necesitan,
Los que seguirían en las cárceles.
Los que seguirían viviendo en las aceras, los que vinieron buscando
futuro para los suyos y andan perdidos, ateridos de frio.
Los vencidos por enfermedades que causan terror y rechazo a la gente.
Los niños.
Los bebes que se van destruyendo en la dureza de las cárceles.
Las que salen de ellas con un bebé en brazos y un horizonte macabro: o
vender droga o alquilar su cuerpo.
Ellos.

Ellos son los que me salvan.
Ellos me arrastran violentamente contra esta tierra….
Y mis queridísimos voluntarios.
Los que engancharon sus vidas a esta ilusión de servirles a “ellos”.
Los que todos los días.
Todos.
Entran en las cárceles a jugar con ellos, a ayudar a sus madres.
Van a nuestros Hogares, donde los niños comen, duermen, viven como
niños con sus madres.
Sacan a “nuestros” niños a pasear, a jugar, a salir empapados de cariño
todos los fines de semana.
Y todos los veranos, todos ellos con sus madres pasan sus vacaciones con
nosotros en una experiencia impresionante.
Los que sirven con enorme cariño en las cárceles a todos.
Y a la salida si están enfermos graves de enfermedades “temidas”.
Si no tienen dónde ir.
Si les destroza la canallesca droga.
Si la psicología se les rompió con tanto sufrir.
Si quieren prepararse para salir y vivir tras la dura experiencia.
Organizan Hogares para ellos.
Para que vivan, coman, duerman felices en ellos.
Les acompañan.
Les quieren.
Ellas, ellos los voluntarios de nuestra Fundacion me atraen a la tierra,

Gracias, amigos.

Gracias hermanos.

Con vosotros no tengo tiempo ni ganas de mirar al calendario.
“P’ allá que me voy….”
Ni hablar.
Con vosotros mis queridos enfermos.
Con vosotros mis queridísimos voluntarios.
Con vosotros, me voy a servirles a ellos.
Tiempo habrá para todo.
Gracias Padre Nuestro que eres el cielo.
Evidente.
Impresionantemente bello lo que nos haces vivir dentro de nuestras
almas.
Padre Nuestro, de ellos y de nosotros.

Gracias.

Ha sido de locura

Tantas cárceles con sus fiestas

Y nosotros allí

Tantos hogares nuestros, con tan variados tipos de habitantes, y todos tan cariñosos.

Y nosotros allí.

Tantos niños en Hogares, cárceles, Unidad Dependientes esperando juguetes y fiesta y nosotros allí.

Tantos visitantes ilustres del más alto nivel, pero que como creemos que a algunos no les gusta que les citemos, únicamente citaremos al más íntimo: el Padre Provincial de los Jesuitas que se sintió feliz en su casa.

 

Daban ganas de decir: qué mala suerte! Todos nos funciona!!!

Pero frenamos a tiempo.

Que felicidad!

Todo funciona.

Son muchos

Muchos.

Todos felices, agradecidos, esperanzados.

Nos inyectaron tantas ganas de trabajar más y mas por ellos.

De quererles más y más.

 

Nos han dejado felices felices.

 

Y…. totalmente agotados.

 

FELIZ NAVIDAD

 

 

 

 

Maria y Jaime

Tiene un color especial….

Y un sabor

Y un “de todo”

Y, con la Fundación se abrió de capa y nos hizo recorrer pausados, tranquilos, seguros y siempre llenos de ilusión, la fiesta!!!!

EL Palacio de Salinas, de enorme belleza y sabor a muchos siglos, se lleno de vida

Todo el patio lleno de sillas.

Todas las sillas ocupadas

Y gente sin silla

En el escenario tres maestros

1º) Los Joselito y Belmonte

Es decir Maria y Jaime prendieron el auditorio que estaba dispuesto a ovacionarles aunque no diesen un capotazo.

Y dieron buenos y gordos.

2º) El “concierto” cuyo programa copiamos.

Fue un alarde que nos llevó en volandas.

3º) Los “peones”

Un montón grande de Jóvenes universitarios que ese día cambiaron su vestimenta juvenil por unos mandiles de camareros, y que nos sirvieron horas y horas, cien mil cosillas que habían preparado en la cocina con sus madres que eran las que sabían.

Con ellos en el escenario, como veréis en la foto terminó la fiesta.

Ah! Claro y los 50 euros por cabeza que pagaron los amigos que llenaron todo, aplaudieron todo, comieron todo y nos proporcionaron “pelas” para sacar de la cárcel a los niños, con sus madres, de vacaciones el
próximo verano.

 

Sevilla

Salinas

Sevillanos todos.

Gracias!!!

 

Era evidente.

Hasta los más conservadores se unían a la gran necesidad de cambio.

De dejarse de cositas.

De abrir la puerta de par en par a Jesucristo.

La nueva evangelización.

Estábamos todos hartos de tanto pecado de tanta Bula de tanta indulgencia de tanto “santito” totalmente desconocido, de tanto ayuno y abstinencia rodeado de míseros hambrientos de tanta “cosa” sagrada, de tantas grutas milagrosas.

De que solo hubiese dos mandamientos: ir a misa y no dar besitos, que nadie nos hablase a fondo de amar al prójimo (no al próximo) como a ti mismo, de amar especialmente a los que nadie ama: los marginados: drogadictos, sin techo, sidosos, inmigrantes, preso…..

Amaríamos, necesitaríamos, soñaríamos con que nos hablasen de nuestro Salvador, de nuestro Maestro, de nuestro amigo, de nuestro compañero de camino hacia el Padre!!!!

Somos cristianos.

Y se nos abrían las venas al no sentir con infinita alegría, cariño y respeto, la presencia de nuestro TODO: JESUCRISTO

Todo nuestro interior se rompía esperando ver,  recibir, amar y seguir a Jesucristo.

Y estamos profundamente felices con ver que en Roma, NO en el palacio, sin pectoral  de oro y piedras preciosas, sin zapatos especiales. Sin tantas cosas encima, sin tanto coche blindado se nos apareció, como en un sueño real la figura del Papa Francisco.

Y con el pobrecito de Asis como modelo humano, y el Evangelio como libro divino, anuncia a Jesucristo desde el Vaticano.

 Se pasa una página con luces y sombras.

Con muchas sombras.

Pero se pasa página.

Ahora viene una época histórica nueva que entre todos tenemos que vivir y dejar a nuestros hijos como camino nuevo a recorrer con Jesucristo.

Durante el largo pontificado de Juan Pablo, estaba a la sombra, en Milán, un Cardenal especial.

Llenaba la Catedral en sus Misas con jóvenes.

SE agotaban sus libros en sucesivas ediciones marcando camino nuevo, oliendo intensamente a Evangelio.

Muchos libros, muchas ediciones.

Carlo Maria Martini era el autor.

Entre los Cardenales iba tomando cuerpo la figura del Cardenal Martini.

Juan Pablo seguía con fantástica salud y trabajo esplendido.

Entre todos iba cobrando fuerza la idea de que el sucesor de Juan Pablo sería Martini.

Los años pasaban y el Cardenal Martini envejeció.

Era Jesuita, como el Papa Francisco, y pensaba como él

Quiero copiar aquí la entrevista que le hizo Eugenio Scalfari, ateo y prestigioso periodista fundador del diario “La Republica”.

 Le pregunto a Martini cuáles son esos problemas en orden de importancia: “Ante todo, la actitud de la Iglesia hacia los divorciados, y luego, el nombramiento y la elección de los obispos, el celibato de los sacerdotes, el papel de los laicos católicos y la relación entre la jerarquía eclesiástica y la política. ¿Le parecen problemas de fácil solución? ¿Pueden interesar también a un laico no creyente como usted?”.

 “No pienso en un Vaticano III, pero sí en un concilio sobre la relación de la Iglesia con los divorciados”

 “La confesión es un sacramento exangüe. Se confiesa algún pecado, se obtiene el perdón, se dice una oración y se acabó”

“A veces los no creyentes están más cerca de nosotros que muchos falsos devotos. El Señor lo sabe

  A continuación transcribo integro la entrevista:

 

Carlo Maria Martini      

“Es necesario un concilio sobre el divorcio”

La cara ha adelgazado, pero los ojos de un azul intenso la iluminan aún más. Me mira fijamente, como para reconocerme. Hace muchos años que no nos hemos visto, aunque hemos hablado a menudo intercambiando a distancia sentimientos y pensamientos.

Han pasado 13 años desde ese debate a dos voces organizado por Vincenzo Paglia, entonces asistente eclesiástico de la comunidad de San Egidio, en el gran salón del palacio de la Cancillería en Roma. El tema de ese debate era La paz es el nombre de Dios, con un subtítulo:Qué puede unir hoy a católicos y laicos. Desde entonces, la figura del arzobispo de Milán ha sido para mí un punto de referencia, he seguido su obra pastoral dirigida a los creyentes y su diálogo constante con los no creyentes, su relación con el cardenal Silvestrini, con Pietro Scoppola, con la comunidad de San Egidio, con las varias almas de la Compañía de Jesús. He leído sus libros, y en concreto, lasConversaciones nocturnas en Jerusalén. Y ahora, el que acaba de salir,Estamos todos en la misma barca, un largo diálogo con don Luigi Verzè, fundador del hospital de San Rafael en Milán y de la universidad del mismo nombre.

“Ha habido épocas en las que la participación activa de las comunidades cristianas era mucho más intensa”
“No pienso en un Vaticano III, pero sí en un concilio sobre la relación de la Iglesia con los divorciados”
“La confesión es un sacramento exangüe. Se confiesa algún pecado, se obtiene el perdón, se dice una oración y se acabó”
“A veces los no creyentes están más cerca de nosotros que muchos falsos devotos. El Señor lo sabe”

El binomio Martini-Verzè ha asombrado a muchos amigos del cardenal. El fundador del San Rafael es un personaje de notable audacia que tiene muy poco en común con Martini. ¿Por qué le ha elegido precisamente a él como interlocutor? La explicación es clara: las diferencias entre los dos surgen del libro, pero el objetivo común es el de llamar la atención de los cristianos católicos hacia problemas que ya no se pueden aplazar.

Le pregunto a Martini cuáles son esos problemas en orden de importancia: “Ante todo, la actitud de la Iglesia hacia los divorciados, y luego, el nombramiento y la elección de los obispos, el celibato de los sacerdotes, el papel de los laicos católicos y la relación entre la jerarquía eclesiástica y la política. ¿Le parecen problemas de fácil solución? ¿Pueden interesar también a un laico no creyente como usted?”.

Me mira sonriente y se acomoda en la silla, que cruje, y me asalta el temor de que sea inestable, pero él me tranquiliza: “Es sólida, no se preocupe, es que yo me muevo demasiado”.

Nos encontramos en una habitación muy sobria, con una mesa larga y algunas sillas, en la residencia de los jesuitas en Gallarate. El cardenal, antes de recibirme, se ha reunido con unos 50 sacerdotes procedentes de los alrededores de Milán. Querían escuchar sus palabras de fe y esperanza en una sociedad cada vez menos cristiana y cada vez más indiferente.

Pregunta. ¿Indiferente hacia qué?

Respuesta. Ya no hay una visión del bien común. El sentimiento dominante es defender los intereses particulares y no los del grupo. Quizá piensan que son buenos cristianos porque de vez en cuando van a misa y acercan a sus hijos a los sacramentos. Pero el cristianismo no es eso, no es sólo eso. Los sacramentos son importantes si coronan una vida cristiana. La fe es importante si avanza junto a la caridad. Sin la caridad, la fe está ciega. Sin caridad no hay esperanza y no hay justicia.

P. Usted, cardenal Martini, ha afirmado en muchas ocasiones que la caridad es importante, pero quizá sea necesario definir con exactitud qué quiere decir usted con esta palabra. No creo que se limite a hacer el bien al prójimo.

R. Hacer el bien, ayudar al prójimo, son desde luego aspectos importantes, pero no son la esencia de la caridad. Hay que escuchar a los demás, comprenderlos, incluirlos en nuestro afecto, reconocerlos, romper su soledad y ser sus compañeros. En resumen: amarlos. La caridad predicada por Jesús es la participación plena en la suerte de los demás. Comunión de los espíritus, lucha contra la injusticia.

P. En su libro Conversaciones nocturnas, usted dice que los pecados son numerosos y la Iglesia enumera muchos, pero en su opinión el auténtico pecado del mundo -lo dice exactamente así, si mal no recuerdo- es la injusticia y la desigualdad. Si he entendido bien sus palabras, ¿la caridad consiste en luchar contra la injusticia?

R. Jesús dijo que el reino de Dios será de los pobres, de los débiles, de los excluidos. Dijo que la Iglesia tendría como misión estar a su lado. Ésta es la caridad del pueblo de Dios predicada por su Hijo, que se hizo hombre para salvarnos.

P. Cardenal, ¿a qué se refiere con pueblo de Dios? ¿Son los laicos católicos pueblo de Dios?

R. Toda la Iglesia es pueblo de Dios: la jerarquía, el clero, los fieles.

P. ¿Tienen los fieles un papel activo en el gobierno de la Iglesia, en la administración de los sacramentos, en la elección de sus pastores?

R. Desde luego, tienen un papel, pero deberían desempeñarlo mucho más plenamente. Demasiado a menudo es un papel pasivo. Ha habido épocas en la historia de la Iglesia en las que la participación activa de las comunidades cristianas era mucho más intensa. Cuando hablaba antes de una indiferencia extendida, pensaba precisamente en este aspecto de la vida cristiana. Aquí hay una laguna, una falta silenciosa, especialmente en la sociedad europea y en la italiana.

P. ¿Piensa en la escasa frecuencia de los sacramentos, de la misa, de las vocaciones?

R. Éstos son aspectos externos, no sustanciales. La esencia es la caridad, la visión del bien común y de la felicidad común. Felicidad no sólo para nosotros, sino para los demás, y no sólo en el presente, aquí y ahora, sino para los hijos y los nietos, para las generaciones futuras.

P. ¿La Iglesia institucional hace lo suficiente en esta dirección?

R. Hace mucho, pero debería hacer mucho más.

P. Cardenal Martini, me gustaría plantearle una cuestión bastante delicada. Un conocido escritor católico, Vittorio Messori, ha escrito recientemente que la Iglesia institucional, es decir, el Vaticano, con su Secretaría de Estado, sus nuncios repartidos por todo el mundo, sus estructuras de Curia, no puede sancionar los vicios privados de los poderosos. Su misión es estipular acuerdos, concordatos, afrontar problemas concretos de poder a poder. Alcanzó acuerdos con Hitler, Mussolini, Pinochet, Franco, Craxi: si les hubiese juzgado públicamente por su comportamiento, por su moralidad, no habría podido actuar políticamente, como es su deber. El problema compete, si acaso -según Messori-, al confesor, admitiendo que alguno de esos poderosos se confiese. De cualquier manera, el tema de la salvación es cosa del clero pastoral, de los párrocos y obispos que cuidan de las almas. ¿Está usted de acuerdo con esta distinción entre instituciones vaticanas y clero con funciones pastorales?

R. En verdad, no estoy muy de acuerdo: la distinción que hace Messori se remonta a una fase en la que aún existía el poder temporal y en la que el Papa era casi un soberano; pero, gracias a Dios, ese poder terminó y no puede ser restaurado. Es una suerte que haya terminado. Desde luego, existe una estructura diplomática en la Santa Sede, pero al fin y al cabo está formada por sacerdotes, cuyo fin último es dar testimonio de la predicación evangélica y de su contenido profético. A esto tengo que añadir que la estructura diplomática, en mi opinión, es demasiado redundante y requiere demasiada energía de la Iglesia. No siempre ha sido así. En la historia de la Iglesia, durante siglos y siglos, esta estructura ni siquiera existía y en el futuro podría reducirse en gran medida, o incluso llegar a ser desmantelada. El deber de la Iglesia es dar testimonio de la palabra de Dios, el Verbo Encarnado, el mundo de los justos que vendrá. Todo lo demás es secundario.

P. ¿Las iglesias protestantes no tienen estructuras semejantes? ¿No son necesarias para tutelar la libertad religiosa y el espacio público que necesita la Iglesia para difundir sus valores?

R. Las iglesias protestantes no tienen estructuras tan centralizadas y poderosas como la nuestra. Desde este punto de vista, son más débiles que la Iglesia católica, pero en otros aspectos están más cohesionadas con los fieles.

P. El problema que usted plantea existe, indudablemente. ¿Afecta a los obispos? Quizá la figura del Papa, que existe sólo en la Iglesia católica, tiene como consecuencia cierto temporalismo que ha sobrevivido al poder temporal propiamente dicho.

R. El Papa es ante todo el obispo de Roma. Para nosotros, los católicos, es el vicario de Cristo en la tierra y le debemos amor, respeto y obediencia, pero sin olvidar que la Iglesia apostólica se erige sobre dos pilares: el Papa y su comunión con los obispos. Recuerdo que en el consistorio que precedió al último cónclave hubo un debate preliminar para realizar una especie de retrato robot del futuro pontífice. Cuando me tocó hablar a mí, dije que nosotros debíamos elegir al obispo de Roma. Quería decir con ello que siempre prevalece la capacidad y la vocación pastoral por encima de la diplomática o la teológica.

P. ¿Usted dijo eso? ¿Que ustedes, el cónclave, debían elegir al obispo de Roma?

R. ¿Le parece una herejía? Y sin embargo, éste es el mandamiento constante según la doctrina y la tradición evangélica.

El tiempo pasaba y aún había muchos temas que me habría gustado discutir con el cardenal Martini, pero temía cansarle demasiado. Se lo dije, pero me respondió que podíamos continuar.

Había un tema que me interesaba especialmente. Le dije que al leer su último libro, el que había escrito con Verzè, me había parecido entender que se inclinaba hacia otro concilio, una especie de Vaticano III. ¿Se ha debilitado el impulso del Vaticano II? ¿No habría que retomar el discurso y llevarlo más adelante? La respuesta que me dio me pareció muy innovadora y también imprevista.

R. No pienso en un Vaticano III. Es cierto que el Vaticano II ha perdido parte de su impulso. Quería que la Iglesia se enfrentase a la sociedad moderna y a la ciencia, pero este enfrentamiento ha sido marginal. Aún estamos lejos de haber afrontado este problema y casi parece que hemos dirigido nuestra mirada más hacia atrás que hacia delante. Habría que retomar el impulso, pero para hacerlo no es necesario un Vaticano III. Dicho esto, yo soy partidario de otro concilio, es más, lo considero necesario, pero sobre temas específicos y concretos. Considero que habría que poner en marcha lo que se sugirió, o mejor dicho, decretó, en el Concilio de Constanza, es decir, convocar un concilio cada 20 o 30 años, pero con un solo argumento, dos como mucho.

P. Esto supondría una revolución en el gobierno de la Iglesia.

R. A mí no me lo parece. La Iglesia de Roma no se llama apostólica por casualidad. Tiene una estructura vertical, pero al mismo tiempo también horizontal. La comunión de los obispos con el Papa es un órgano fundamental de la Iglesia.

P. ¿Y cuál sería el tema del concilio que usted desea?

R. La relación de la Iglesia con los divorciados. Afecta a muchísimas personas y familias, y desgraciadamente, el número de personas implicadas aumentará, así que hay que afrontarlo con sabiduría y visión de futuro. Pero hay otro argumento que debería afrontar un próximo concilio: el del curso penitencial de la propia vida. Verá usted, la confesión es un sacramento extremadamente importante, pero ya exangüe. Cada vez son menos las personas que lo practican, pero, sobre todo, su ejercicio se ha convertido en algo casi mecánico: se confiesa algún pecado, se obtiene el perdón, se recita alguna oración y se acabó. En la nada o poco más. Hay que devolver a la confesión una esencia auténticamente sacramental, un recorrido de arrepentimiento y un programa de vida, una confrontación constante con el propio confesor; en resumen, una dirección espiritual.

Nos levantamos. Me dijo que había leído mi último libro, El hombre que no creía en Dios, y que había encontrado algunas concordancias con su visión del bien común. Le di las gracias. Yo me siento muy cercano a usted, le dije, pero no creo en Dios, y lo digo con total tranquilidad de espíritu.

“Lo sé, pero usted no me preocupa. A veces, los no creyentes están más cercanos a nosotros que muchos falsos devotos. Usted no lo sabe, pero el Señor, sí”.

Sentí la tentación de abrazarlo, pero estamos los dos algo temblorosos y habríamos corrido el riesgo de acabar en el suelo. Nos estrechamos la mano prometiendo volver a vernos pronto