Archivo de noviembre de 2010

Jose MourinhoNo sé cómo ni porqué.

Pero en la cabecera de todos los medios aparece Mourinho.

Junto a él, la línea de implacable ascenso del equipo de fútbol del Real Madrid.

Y aparecen decenas de entrevistas, centenares de juicios, millares de seudoprofetas.

Hay como dos grupos.

Los periodistillas, especialmente cuando no hay partido, nos cuentan cosas y cosillas de los alimentos  que comen, la música que escuchan, las horas de sueño obligatorias, cómo andan de novia, la ilusión que llevan de ganar, de estar en la lista de convocados, lo que sintió al meter aquel gol. Las horas extra de gimnasio, las nuevas botas especiales. Los roces con otro jugador, con el mismísimo Mourinho.

Es decir todo. Absolutamente todo lo que sería acogido con ilusión en “Sálvame”.

Los periodistas serios juzgan a Mourinho con “criterio evangélico”: por sus frutos los conoceréis.

Es decir: en el campo

Ahí le juzgan. Ven la progresión, o no, del equipo. La mejoría de fulano o zutano, la técnica, el fondo físico.

A nadie le importa si prefiere pop o el rock si es simpático o tristón, ni la belleza, o no, de su pareja.


Por sus frutos los conoceréis.


Con los cristianos pasa lo mismo.

Los cristianos-beatos, se gastan toda la tinta en ver si va a misa. Cuántas veces. Si comulga.

Si reza el rosario, si va de turismo-religioso a rutas de apariciones, si es fiel en el matrimonio. Si viste correctamente, si pertenece a una comunidad cristiana, si reciben todos los sacramentos, si siempre habla bien del Papa y los Obispos.

Los cristianos de verdad no se fijan en estas cosas.

Se examinan de cómo se comportan con los demás

De hablar siembre bien de la gente, de servir al que sufre.

De pertenecer a un grupo que ayuda a los que nadie quiere. De cumplir el mandamiento de Jesucristo: amar. Amar a todos, especialmente a los que nadie ama.

Comerán lo que necesitan para amar.

Pero hay que juzgarles “por sus obras”. “En el campo”

El pobre beato, harto de misas, rosarios y oraciones en su vida privada, en el campo, no pocas veces no mete un gol, ni de penalti y sin portero.


Y, los Obispos, idem del lienzo.

Normas y más normas.

Prohibiciones y más prohibiciones

Pecados y más pecados.


Si una persona destaca por su entrega a los pobres, su bolsillo está abierto para ellos, su tiempo, medio libre, es para ellos, su ilusión y su cariño es para ellos… pero vive con su pareja sin casarte: fuera!!.

Vive en pecado.

No puede comulgar.

Ahora bien si no da ni chapa en servicio de los pobres. Ni de los familiares pesados.

Si no colabora con nadie para ayudar.

Si su vida no vale para nada en servicio de nadie.

Pero está cristianamente casado con todos los papeles y va “rutinariamente” a misa todos los domingos y fiestas de guardar: cristiano modelo!!!


Al que te necesita, al pobre, al triste, no le importa lo que has comido, sino lo que das.

No le interesa cómo te has alimentado y entrenado, sino como juegas en el campo.

No a los gay

No a los matrimonios entre gays

Sí a la familia comprometida con el Sacramento correspondiente,  sin cambio de pareja.

De los que no recibieron el sacramento, y de las “civiles”, de las “de hecho”, de las de segundas, de las “raras”, etc: NADA.

Ni una palabra de respeto, de cariño.

Aunque ciertamente siguen siendo hijos queridos de su Padre.

“Ojo con los laicos!… esto recuerda al ambiente tenso de vísperas de la guerra civil”.

Ya pidieron disculpas por esto.

Le informaron mal al Papa.

Tan mal le informaron que no le dijeron ni una palabra de las familias de los cuatro millones de parados.

Ni de lo mal que lo pasan los marginados

Y el mensaje de Cristo es ese: amar especialmente al que sufre.

No mirar para otro lado cuando pasan entre millones de hijos de Dios ahogados por la pobreza.

Y, ni una palabra de ánimo y respaldo a los miles de cristianos, empezando por Cáritas y siguiendo por parroquias, y las innumerables ONG, y “movimientos” de católicos que trabajan heroicamente en seguir el mandamiento del Señor, sirviendo con cariño a los pobres y marginados.

Papa Benedicto XVIA vuela pluma unas notas.

1º) Nadie reúne tanta gente en tantos sitios como el Papa.

Zapatero o Rajoy soñarían con reunirlos en España.

2º) El mensaje que trajo era fundamentalmente la familia, el no a los matrimonios gay y cosas semejantes.

Que no son el centro del mensaje evangélico.

Nada de justicia social, que según el Concilio Vaticano II es básico.

Nada sobre los parados.

Sobre los marginales.

Como yo soy soltero, y no soy gay, no me sentí interpelado.

Pero como soy cristiano me sentí defraudado de que no nos animara en vivir el mensaje de Jesucristo: Amar, amar a todos, sobre todo a los que padecen necesidad.

Y la orden contundente: Id a anunciar el Evangelio a todos!!

Así están no pocos cristianos.

Y tienen su parte de razón.

Grandes científicos ateos, políticos victoriosos, periodistas famosos y periodistilla que quieren serlo a base de meterse con la Iglesia, gente de taberna, casados más de una vez y donjuanitos triunfantes.

Todos van contra la Iglesia.

Nos quieren acorralar en las sacristías y luego prenderlas fuego.

Pero el Concilio Vaticano II, en la constitución en que trata de la Iglesia en el mundo actual dice: “en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña, los propios creyentes, en cuanto que… con la exposición inadecuada de la doctrina o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado, más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión”.

“Exposición inadecuada de la doctrina”.

Sunami de mandamientos, sanciones, devocioncitas, y pequeñeces, que ocultan el Evangelio.

El enemigo está dentro con esas predicaciones negativas, miedosas, amenazantes y tristes.

Y los que predican así, y los que oyen a estos, son los que llenan de quejidos el ambiente con el síndrome de perseguidos.

Cuando “entra” el Evangelio no hay síndrome. Hay lucha, malos ratos, esfuerzos de superación, incomprensiones.

Y la alegría profunda del cristiano salvado, enseñado y acompañado por Jesucristo ayudando a los más pobres en el camino gozoso hacia el Padre.

Nota de Jaime cuando le entregué este articulo.

A mí me ha ido genial.

Sin estos votos no hubiera podido vivir donde he vivido ni hacer alguna cosa que he hecho.

No tengo ni una habitación que sea mi casa. Voy rodando sin nada mío.

Y encima estoy feliz.

No tengo pareja, ni hijos ni nietos.

No tengo posibilidad de hacer lo que quiera ni vivir donde y con quien quiera.

De ninguna manera me causa sensación de tristeza, pequeñez, soledad…

Estoy profundamente feliz.

Y, además, hago lo que quiero (porque el Señor me ha metido en esto) y tengo el hogar familiar (Compañía de Jesús) en el que gozo, y mi familia que me encanta.

Y muchos amigos de verdad enganchados en este imprevisible caminar con nuestros marginados hacia el Padre con un solo problema: no tengo tiempo para gozarlos a todos.

Los Votos Religiosos

Las culturas pasadas priorizaron en el desarrollo del cristianismo, las virtudes PASIVAS, bajo la bandera de los tres votos fundamentales que juraban los “santos religiosos”.

Ese era el norte, el ideal de la utopía cristiana: Pobreza, Castidad y Obediencia.

Todos frenos pasivos.

El de pobreza.

El estimulo de tener para tu familia etc. Hacía que las ocho horas de trabajo, no pocas veces se multiplicaban.

El religioso, medio fervoroso, trabajaba y trabaja más.

Pero el tibio, podía vaguear. Tenía seguro lo suficiente para vivir bastante bien.

El voto podía parar ese deseo básico del hombre y motor siempre del progreso, no solo material, sino: personal, cultural, etc.

El voto de castidad, ha pretendido históricamente, no siempre con éxito, que la persona que intentase servir seriamente al Señor, tuviese que frenar el sentimiento más profundo del ser humano, y el grifo incontinente del sexo.

La obediencia enterraba, no pocas veces la luz fantástica del súbdito, bajo la orden “divina” del Superior. Muy observante. Pero con pocas luces.

La idea era buena: frenar los grandes atractivos que tiene la vida, para poder entregarse sin condiciones a la vida de oración, evangelización, sacerdocio, contemplación.

Pero, no pocas veces, la energía dedicada a “frenar” ocupaba demasiada parte de la vida del religioso.

Y, desgraciadamente, no eran compatibles los: deseos de hogar, vida familiar, vida social normal, con el sacerdocio ni contemplación.

Los exámenes de conciencia

En la vida religiosa, generalmente los exámenes de conciencia eran negativos: reprimir la vista, frenar la imaginación, no hablar de defectos ajenos, cumplir con tiempo de rezo, mortificarme en comida, vestido etc.

Generalmente para organizarse mejor en cumplir los VOTOS.

No solía aparecer el examen de: la intensidad de mi trabajo, iniciativas para mejorarlo, programación para animar a los colaboradores, crear buen ambiente, conseguir el liderazgo real, ampliación del campo de trabajo, preparación de nuevos colaboradores…

Así, de improviso, yo propondría este tipo de examen a todos los cristianos que se lo toman en serio:

  1. Análisis de la realidad social del campo donde vaya a trabajar: historia, por qué hasta ahora se ha hecho así. Estructuras, gente.
     
  2. Iniciativa: qué podría hacer? Cómo?, Como hacerlo mejor? Cómo buscar y formar un equipo?.
     
  3. Amor: el motor de nuestra vida es amarles como el Señor nos ama. A todos y cada uno. Pedir por ellos al Señor. Voluntarios, profesionales, “ellos” (beneficiarios). Todos nos necesitamos.
     
  4. Respeto: nunca pensar que somos los buenos. Los que ayudamos: Todos nos necesitamos. Todos ganamos. Sin “ellos” nos comería el mayor pecado: el egoísmo.
    Es decir la lejanía de Dios que es amor.
     
  5. Servicio que viene de servir, no de mandar.

    Examen de la intensidad e inteligencia destinados a servir.

    Es decir: no dedicarme a frenar lo positivo que brota en mi vida al contacto con la gente y con Dios.

    Sino fomentar la iniciativa y la ilusión para entregar mi vida en el mejor servicio posible a mis hermanos.