Archivo de diciembre de 2010

Al principio de la Biblia, en los libros del Pentateuco, base de la religión judía (y nuestra) sale la misma idea en dos de sus libros.

En el Éxodo (20, 12-17) se decía: “honra a tu padre y a tu madre… No codiciarás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”.

Y en el Deuteronomio (5, 21): “no desearás la mujer de tu prójimo, ni codiciarás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo.”

Es decir, parece que no hay connotación de pecado de sexualidad.

Es, simplemente de justicia. De derecho a la propiedad privada.
Ahí mismo vienen los otros mandamientos: no tomar en falso el nombre de Yahave.

Guardar el día del sábado.

Honra a tu padre y a tu madre.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No robarás.

No darás falso testimonio.

No desearas a la mujer de tu prójimo.

Eso dijo Yahave.

Les escribió en las tablas de piedra y me las entregó a mí.

XXX

Otro cura de los de siempre me dijo que en el Evangelio, Jesucristo insiste muy frecuentemente sobre esto: si deseas a la mujer de tu prójimo, ya has adulterado con ella.

Ya no es por ser propiedad privada de otro. Sino que deseas conscientemente, tener algún tipo de relación erótico – sexual con ella, ya has cometido adulterio.

El pecado, por tanto es contra el 9º mandamiento.

Y va otro, muy teólogo él, y me dice que si eso es pecado mortal: es decir condenación eterna.

Porque eso en el Evangelio no queda claro.

Y en la iglesia es muy posterior esa explicita declaración de “pecado mortal”.

Hasta el siglo XIX, y en cartas del Papa a algún Obispo, no se habla de esto.

Que sea pecado, que sea malo, o muy malo no puede identificarse, sin más, con “condena eterna”.

XXX

Aquello del Evangelio sobre la mujer sorprendida en adulterio, deja otra luz: la mujer, condenada a muerte de lapidación.

El hombre sin culpa alguna.

XXX

Y llegamos al mundo de hoy.

Las costumbres han cambiado impresionantemente.

Ya no se vive 40 años.

Ya no se vive en aldeas minúsculas donde todos se conocen y el desastre de un adulterio provocaría un enorme daño en todo el pueblecillo.

Vivimos en grandes ciudades inhumanas donde nadie conoce a nadie, y con medios de trasporte que nos llevan y traen a miles de kilómetros en pocas horas.

Ya no es la mujer una esclava que no aporta ni un céntimo al hogar, aunque trabaja más que el hombre, depende totalmente del marido.

Hoy es una trabajadora, con tanto o más cualificación laboral que el hombre, y con total independencia económica.

Antes, y todavía en algunos sitios, el hombre no podía rozar la piel de la mujer.

Ni darle la mano.

Ni cogerla normalmente del brazo cubierto de ropa para indicarle el camino.

Ni verla el tobillo.

Hoy se abraza y besa en el saludo.

Si la lleva de la cintura para orientarla.

Si la ve tobillo, pantorrilla, muslo, cintura, pecho, hombros, cara…

Antes tener un “desliz” podía traer a un niño no deseado, y sin sitio en este mundo.

O podía contraerse una enfermedad despreciada por la sociedad, y que te podía llevar a la tumba.

Hoy pueden tenerse relaciones sin dejar huella.

Hoy, lo común de una convivencia normal, que antes era invitar a un amigo, y la mujer en la cocina atendiéndoles, ahora incluye comer juntos, viajar juntos o separados, y poder tener algún contacto sexual sin dejar recuerdos ni rencores, ni huella alguna.

Esto es un crecimiento tremendo.

Y, aparta de la eucaristía a pocos.

Yo soy joven.

Y estoy desorientado.

Me parece tan normal lo que la gente hace que me desespero con mi conciencia formada en ambiente tradicional.

Y con el cura, amigo de mi abuela, que me trae loco.

Y con tanto lio erótico nos hacen olvidar que Dios nos creó para que amaramos y sirviéramos a todos empezando por EL y siguiéramos por los que sufren, a los que nos necesitan, a los que nadie quiere y anunciáramos el Reino de Dios.

Pero ningún cura te pregunta de eso en el confesionario.

Nadie te predica de eso como el pecado principal.

Solo les preocupa cómo te las apañas en eso del sexo.

Y ando neurótico perdido.