“Urge que con la labor sinodal sepamos descubrir el rostro de Cristo y mostrarlo al mundo, devolverlo a los hombres”
Eso dijo el Sr. Cardenal.
El rostro de Cristo no es el de un juez que espera la mínima para condenarnos, sino la de un Hombre – Dios, que entrega su vida para salvarme.
Y, desde el sufrimiento goza con la alegría de saber que es para salvarte.
No te vas a salvar por tus meritos (¿?) sino por Jesucristo.









