Archivo de mayo de 2011

Esto está escrito cuando nadie hablaba de esto.
Tú verás si fue profético.

Los cambios sociales, evidentemente son ahora profundos y rápidos.
Allá por los 60 la situación era muy distinta.
La guerra había acabado.
La paz (¿) era total.
Las familias de los que perdieron, especialmente los de las zonas más pobres, tuvieron que salir de sus pueblos empujados por el hambre hacia la aventura de la ciudad.
No pocos. Millones, se fueron hacia Europa y América del Sur.
Todavía no se ha escrito, en profundidad la dureza y amargura que tuvieron que sufrir.
Otros se fueron a las zonas más desarrolladas: Cataluña, el Norte y Madrid.
Y fueron “a tumba abierta”: sin casa donde llegar, sin trabajo, y sin dinero, y sin amigos.
Su “asentamiento” fue increíble.
En campos, alrededor de la ciudad, comenzaron a levantar sus chabolas.
Durante la noche ponían cuatro palos en lo que serían las esquinas de sus “casas”. Lo cubrían con cualquier cosa. Metían una cama “dentro” y allí colocaban a una anciana para que los “pitufos”, por la mañana no pudiesen tirar la casa.
Y así nacieron estas barriadas de marginados.
Sin luz, sin agua, sin servicios, sin escuelas, sin dispensario, sin cines, ni bares, ni bailes, ni parques.
Alrededor del Pozo del Tío Raimundo y las laderas de Palomeras comenzaron a mal vivir más de cien mil personas.
Jamás la prensa de aquellos tiempos publicó nada de esto. Lo veían, lo fotografiaban y escribían el artículo.
Jamás salió nada publicado.
El Madrid de Serrano, nunca se enteró de nada.
Y si algo le llegaba, con displicencia de ganador decía: son rojos.
Y todo acallado.
De toda España, la mesa que con más votos dio al Partido Comunista, fue la del Pozo.

Naturalmente que este “signo de los tiempos” resonó ampliamente en los que quisieron escuchar.
El famoso P. Llanos allí se fue como pionero.
Luego le siguieron bastantes. Entre ellos Horizontes Abiertos.
Y allí se congregaron, se potenciaron y se multiplicaron los líderes que empujarían el cambio social.
Largas reuniones de las “asociaciones de vecinos” carreras ante los “grises” cárcel, pelotas de goma y botes de humo fueron quedando atrás.
El decreto para “tirar” el barrio, pendiente solo de ejecución, no pudo realizarse. El barrio valía millones de millones. Cerquita de Cibeles, y enorme extensión. Nos darian16.000 ptas por casita, y millones para ellos. Cien mil desesperados organizados lo impidieron.
Nuestras triunfantes Asociaciones de Vecinos unidas a la Administración, convencida al fin de nuestros derechos, lograron construir el nuevo barrio: agua, luz, colegios, dispensarios, guarderías y clubs de ancianos, parques, piscinas.
Objetivo cumplido.
Estamos ya en los años 80.
Los que manteníamos la lucha por el barrio al ver los bloques construidos y los árboles plantados comenzamos a “sentirnos sin sitio”.
Pero entonces vino una nueva luz.
Hasta entonces todo el mundo veía que la sociedad estaba dividida entre patronos y obreros; capitalistas y trabajadores; capital y fuerza de trabajo.
Y empezamos a ver que se abría otra división: los que “llegaban a fin de mes” y los que no podían ni empezarlo.
Capitalistas y obreros estaban casi en el mismo campo: tenían para terminar el mes, tenían casa, se sacaban el carnet de conducir y soñaban con la parcela.
Debajo de ellos aparecía un mundo trágico y creciente.
En dos grupos: los pobres y los marginados.
Pobres eran muchos. El trágico colectivo de parados es estremecedor.
Y los pobres pensionistas con sus míseras pensiones, y los jubilados etc. Millones.
Pero estos pobres pertenecen a nuestra sociedad. Tienen los mismos “valores” aunque su privación es causa de profundo dolor.
Si a cualquiera de estos, he visto tantos, un golpe de fortuna, del tipo que sea, les llena los bolsillos, se compran casa, coche, etc.
Eran pobres.
Pero tenían nuestros “valores”.
El otro grupo lo forman los marginados.
Están al margen de nuestra sociedad. Se saben rechazados. No sueñan con nuestros “valores”.
Unos son marginados porque “son malos, canallas” nadie les quiere: atracadores, drogadictos, presos, SIDA.
Saben que nunca podrán ser “normales”.
Siempre serán marginados.
De un viejito enfermo, de un niño abandonado, todo el mundo sentirá compasión.
De “ellos” nunca.
Provocarán miedo, asco, desprecio.
Nunca les mirará nadie a los ojos.
Son el escalón más bajo de nuestra sociedad.
Este es el campo donde ahora trabaja, ama, sufre, levanta los ojos con esperanza, Horizontes Abiertos.
Esta es nuestra respuesta desde este submundo de la marginación.

Es poder elegir lo que mejor me puede venir para mi felicidad.

No es dejarme seducir por cosas que me vienen mal, pero que me apetecen más.

En el mundo de ayer, y el de algunos poblados de campesinos de hoy es más fácil.

Hay tan pocas cosas para elegir.

Su vida es sencilla: sota, caballo y rey.

En nuestra sociedad, llamada descaradamente, de consumo, es dificilísimo.

En tu casa: la radio, la TV, el periódico y las revistas se meten ofreciéndote maravillas con un deje final contundente: te lo vas a perder?

En la calle, todo son gritos de anuncios y escaparates.

Lujo, belleza, comodidad y sexo son los máximos objetivos.

Responsabilidad, trabajo, fidelidad, familia, Dios tienen sordina.

Nadie piensa: que me vendrá mejor para poder servir a los míos y a la sociedad.

Todos piensan: esto me gusta, lo otro me encanta, lo de más allá es fabuloso, de eso no puedo prescindir.

Y te crees libre.

Pobrecillo.

Hay tantos técnicos preparados profesionalmente para convencerte de cómo y con quienes debes vivir tu vida, que tu libertad queda anulada.

Pobrecillo.

Ciudadano X de un país LIBRE